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Entre los candidatos al premio que otorga la academia
noruega había 205 propuestos por tales
o cuales méritos. El capitalismo, que todo
lo timbea, había publicado la fija de la
agencia inglesa de apuestas Ladbrokes: la mayoría
de los boletos estaban jugados a la senadora colombiana
Piedad Córdoba. Su intervención
personal logró la liberación de
numerosos rehenes de la guerrilla. Ese rol le
costó varias amenazas de muerte; los paramilitares
y militares colombianos no tiran con calibres
menores.
Pero
ganó un tapado. Hasta ayer
las agencias Reuters y EFE apenas citaban la postulación
de Barack Obama; era casi un dato de color, como
de pasada, sin darle chances reales. Esta falta
de favoritismo era generalizada porque el hombre
no calificaba para el premio mayor, teniendo en
cuenta que asumió en la Casa Blanca el
20 de enero de este año. De su carrera
anterior como senador es muy poco lo que podía
rescatarse para una currícula consistente.
Y
sin embargo el morocho fue premiado. El argumento
de la Academia fue "por sus esfuerzos extraordinarios
para fortalecer la diplomacia internacional y
la cooperación entre los pueblos".
Se sabe que en Oslo hace mucho frío y la
labor de los jurados debe ser tediosa; las películas
y novelas dicen que la gente en esas condiciones
climáticas y de mucho estress suele beber
licores fuertes. ¿Qué habrán
tomado para llegar a esa curiosa premiación?
Hasta
el beneficiado tuvo un gesto que lo honra, al
declarar: honestamente, creo que no lo merezco.
Tal expresión se acerca más a la
verdad que la ingeniería política
que funcionó como impoluta
en Noruega y seguramente en Washington para inducir
a salir determinada bolilla.
Alguien
podría alegar que los académicos
tuvieron en cuenta el pasado remoto de Obama como
asistente social en los barrios humildes de Chicago,
antes de ser abogado. No es lo que proclamaron
al dar a conocer su decisión, fundada como
quedó dicho- en los supuestos méritos
extraordinarios para la diplomacia internacional.
Y
esa última cualidad, si existe, debería
probarse a la luz de su experiencia como presidente
de Estados Unidos, desde enero a octubre del corriente
año. Si el mismo premiado fue sorprendido
y tiene sus serias dudas, muchas más asaltaron
a la gente del resto del mundo que se fue enterando
de la novedad.
A
este cronista se le ocurre que no sólo
la senadora Córdoba tenía credenciales
mejores. Si de presidentes y ex presidentes se
habla, perfectamente Evo Morales y Fidel Castro
calificaban con creces. El primero por haber sido
el primer indígena en llegar a la presidencia
de la saqueada Bolivia y haber timoneado el gobierno
hacia objetivos de democracia y paz, pese a la
violencia intolerante del racismo y el separatismo.
El legendario comandante en jefe cubano, por ser
un estadista a favor de la paz, la integración
latinoamericana y la defensa del medio ambiente
en el siglo XX y el XXI (¿o el huso horario
de Oslo atrasa tanto que se lo darán recién
en el siglo XXII?).
Los
méritos y deméritos
Ojeando
la carrera política del inquilino de la
Casa Blanca, se pueden anotar estos factores positivos:
-Derrotó
al candidato republicano John McCain que pretendía
continuar el legado archinegativo de George Bush.
-Presentó
un proyecto de reforma del sistema de salud en
su país, donde 47 millones de personas
están privados de ese servicio vital.
-Participó
de la V Cumbre de las Américas en Trinidad
y Tobago, en abril último, prometiendo
una nueva era de diálogo con los países
de la región.
-Propuso
en varios discursos un mundo menos inequitativo
y con soluciones basadas en la multilateralidad,
lo que contrastó con el unilateralismo
propio de la era de Bush-Cheney.
-Decidió
no instalar el escudo antimisiles que su antecesor
había dispuesto contra Rusia, en República
Checa y Polonia. Esto fue anunciado el 17 de setiembre
pasado.
-Presidió
una semana más tarde la reunión
del Consejo de Seguridad de la ONU que resolvió
convocar a las potencias atómicas a recortar
sus arsenales, lo que fue aprobado por unanimidad.
Las comillas pretenden llamar la atención
sobre que una cosa son los papeles, y otra muy
diferente la puesta en práctica de tales
resoluciones.
Seguramente
el presidente estadounidense tendrá a favor
varias cosas más que se escapan a esta
lista no taxativa.
Pero
a la vez se pueden recordar sus aspectos más
negativos, que en Oslo parecen haber pasado desapercibidos:
-Mantuvo
en operaciones y con numerosos presos políticos
ilegales y torturados, la cárcel de Guantánamo
en una bahía usurpada a Cuba desde 1903.
-Prorrogó
el cruel bloqueo a Cuba, vigente desde febrero
de 1962, y lo hizo en base a una ley de Comercio
contra países en guerra, pese a 17 votaciones
de la ONU que reclamaron el fin de la medida.
-Mantuvo
en sus cargos a Robert Gates en Defensa y al general
David Petraeus al frente de los ejércitos
de ocupación de Irak, que venían
de tiempos de Bush.
-Duplicó
el número delos militares de EE UU en Afganistán,
donde se producen espantosas matanzas de población
civil luego de bombardeos aéreos. Ante
la adversidad de la campaña, la Casa Blanca
analiza enviar 30.000 soldados más, pedidos
por el general Stanley McChrystal.
-Gastará
120.000 millones de dólares al año
para atender los dos teatros bélicos, de
los cuales ya recibió un adelanto de 80.000
millones hasta fin de año. Como contrapartida
de esa guerra imperial, ya son más de 5.000
soldados estadounidenses los que han perdido la
vida.
¿Academia
o escuelita?
Se
podrían enumerar más aplazos en
la libreta internacional del excesivamente premiado.
Por ejemplo, su política de acercar posiciones
en Medio Oriente, con el péndulo no en
el justo medio sino del lado de Israel,
viene fracasando. El 22 de setiembre pasado se
sacó una foto en Nueva York, entre el energúmeno
premier israelita Benjamin Netanyahu y el tibio
titular de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmud
Abbas. Pero no pudo lograr ni siquiera una agenda
de futuras discusiones para que la paz sea algo
más que una expresión de anhelos.
Su enviado especial a la región, George
Mitchell, volvió de allí con las
manos tan vacías como quedó su jefe
tras la referida cita neoyorquina.
Los
académicos de Noruega pueden estar desinformados.
Alguien debería acercarles el dato de que
el presupuesto militar de EE UU, acordado entre
Bush y su sucesor, será de 654.000 millones
de dólares. Ese océano de dinero
sirve para la logística de las dos guerras
ya citadas pero también para financiar
en el mundo a 872 bases militares estadounidenses
que no se dedican precisamente a fines pacíficos
ni científicos. Serán 879 cuando
estén a pleno las 7 nuevas que se emplearán
en Colombia, ahora, según pacto de la administración
Obama con el obediente Alvaro Uribe.
Queda
claro que este cronista se declara ingratamente
sorprendido por la premiación, al menos
en cuanto al Nobel de la Paz; se supone que los
distinguidos en Literatura, Medicina, Física,
etc, tienen sus laureles bien ganados.
En
política internacional, la Academia tiene
una mirada interesada y sesgada hacia la derecha,
con excepciones como las distinciones a Adolfo
Pérez Esquivel en 1980, Rigoberto Menchú
en 1992, Nelson Mandela en 1993 y Yasser Arafat
en 1994. Pero si se repasa la lista desde principios
de siglo XX hasta hoy, los premios de la
Paz a Theodore Rossevelt (no confundir con
Franklin Delano), Henry Kissinger, Menagen Beguin,
Lech Walessa, Dalai Lama y el último presidente
sudafricano del apartheid, Frederik de Klerk,
muestran una tendencia poco equilibrada. Más,
cuando lo distinguieron al líder palestino,
le dieron dos premios a la otra parte (Shimon
Peres y Yitzhak Rabin). Más que una academia,
la noruega parece una escuelita.
A
Obama le viene bien la premiación, no tanto
por el 1,4 millón de dólares que
seguramente donará para que la puesta en
escena sea completa, sino para amortiguar el impacto
negativo que tendrá el 28 de octubre. La
64º Asamblea General de la ONU le dirá,
con contundentes y mayoritarios 185 votos, que
debe levantar el bloqueo económico, comercial
y financiero contra Cuba. Como no lo hará,
muchos se preguntarán ese día, ¿y
a éste le dieron el Nobel?
EMILIO
MARIN
Periodista
cordobés que publica sus columnas semanalmente
en el diario La Arena, de Santa Rosa, La Pampa,
en forma ininterrumpida desde 1987 a la fecha.
Sus
artículos sobre temas internacionales,
políticos y económicos, son publicados
en Resúmen Latinoamericano, Argenpress,
Agencia ALIA, La Fogata, Prensared, Boletín
de la Asociación de Docentes e Investigadores
de la Universidad Nacional de Salta [Adiunsa],
sitio web Rebelión [España], Solidaire
[Bélgica], Agencia de Información
Nacional [Cuba] y El Ortiba, entre otras publicaciones
progresistas y antiimperialistas.
Correo
electrónico: sergiortiz@arnet.com.ar
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