|
No sé lo que me pasa pero cada vez que
veo a un blanco caminando hacia mí, me
pongo tenso. Mi corazón empieza a latir
más rápido e inmediatamente empiezo
a buscar una vía de escape y medios para
defenderme. Me critico a mí mismo incluso
por estar en esta parte de la ciudad por la noche.
¿Es que no vi esos grupos sospechosos de
blancos en cada esquina, bebiendo Starbucks y
vistiendo los colores de sus respectivas bandas,
sea el turquesa de Gap o el burdeos de J Crew?
¡Qué idiota soy! Ahora el blanco
está cada vez más cerca, más
cerca y entonces, ufff, pasa de largo sin hacerme
daño y respiro aliviado.
La
gente blanca me da un miedo que te cagas. Puede
ser difícil de entender, teniendo en cuenta
que soy blanco pero, claro, mi color me da cierta
perspectiva. Por ejemplo, encuentro que doy bastante
miedo muchas veces, así que sé de
qué estoy hablando. Créeme: si te
encuentras rodeado de blancos de golpe, vete con
cuidado. Puede ocurrir cualquier cosa. Como blancos,
se nos ha hecho creer que es seguro estar junto
a otros blancos. Se nos ha enseñado desde
la cuna que es la gente de otro color a la que
debemos temer. ¡Son los que te cortarán
el cuello!
Sin embargo, cuando examino mi vida, veo emerger
un patrón extraño pero inconfundible.
Cualquier
persona que me ha hecho daño en toda mi
vida, el jefe que me despidió, el profesor
que me cateó, el director de la escuela
que me castigó, el chico que me dio en
un ojo con una piedra, el ejecutivo que decidió
no renovar TV Nation [N. Del T. programa de televisión
de gran éxito que dirigía y presentaba
Michael Moore], el tipo que estuvo persiguiéndome
durante tres años, el contable que pagó
mis impuestos dos veces, el borracho que me embistió
con su coche, el ladrón que me robó
la cadena de alta fidelidad, el contratista que
me estafó, la novia que me dejó,
la siguiente novia que me dejó aún
más rápido, la persona de la oficina
que me robaba cheques de mi talonario y los rellenaba
con su propio nombre hasta un total de $16.000,
cada uno de estos individuos era blanco. ¿Coincidencia?
No lo creo.
Nunca
me ha atacado un negro, nunca me ha echado de
mi casa un negro, nunca me ha estafado mi depósito
del alquiler un casero negro, nunca he tenido
un casero negro, nunca he tenido una reunión
en un estudio de Hollywood con un ejecutivo negro
al mando, nunca una persona negra le ha negado
a mi hija poder escoger la universidad que quería,
nunca me ha vomitado encima un chico negro en
un concierto de Motley Crue, nunca me ha parado
un policía negro, nunca un vendedor de
coches negro me ha vendido un trasto, nunca he
visto un vendedor de coches negro, nunca me ha
negado un crédito un negro, y nunca he
oído decir a un negro "Vamos a eliminar
10.000 puestos de trabajo aquí, tengan
un buen día"!
No
creo que sea el único blanco que pueda
hacer estas afirmaciones. Cada palabra dura, cada
acto cruel, cada momento de dolor y sufrimiento
en mi vida han tenido una cara caucasiana pegada.
Así que, ummm, ¿por qué era
exactamente que tenía que temer a los negros?
Pego
una mirada al mundo en que vivimos y, no me gusta
ser un chivato, pero no son los afro-
americanos
los que han hecho de este planeta un lugar tan
lamentable y peligroso. Recientemente un titular
en la sección de Ciencia del The New York
Times preguntaba ¿Quién construyó
la bomba H? El artículo continuaba con
la discusión de la disputa entre los hombres
que proclamaban el mérito de hacer la primera
bomba. Francamente, no podía importarme
menos, porque ya sabía la respuesta pertinente:
¡Fue un hombre blanco! Ningún negro
ha construido o usado jamás una bomba diseñada
para exterminar vastas cantidades de gente inocente,
sea en Oklahoma City, en Columbine o en Hiroshima.
No, amigos, siempre son los blancos. Hagamos un
repaso:
¿Quién nos trajo la peste negra?
Un hombre blanco.
¿Quién inventó el PBC, el
PVC, el PBB y tantos otros productos químicos
que nos están matando? Hombres blancos.
¿Quién empezó cada guerra
en la que han participado los EE.UU.? Hombres
blancos.
¿Quién inventó la papeleta
electoral con tarjeta perforada? Un hombre blanco
[N. Del T. referencia al fraude electoral en Florida
en las últimas elecciones presidenciales
norteamericanas]
¿De quién fue la idea de contaminar
el mundo con el motor de combustión interna?
Del blanquito, ese fue.
¿El Holocausto? Ese tío sí
que dio mala fama a los blancos.
¿El genocidio de los americanos nativos?
El hombre blanco
¿La esclavitud? ¡Blanquitos!
Las empresas estadounidenses echaron a 700.000
personas en el 2001. ¿Quién ordenó
los despidos? Los directivos blancos.
Mencionad
cualquier problema, enfermedad, sufrimiento humano
o la miseria abyecta que sufren millones y os
apuesto 10 pavos a que puedo ponerle una cara
blanca más rápido que vosotros podéis
nombrar los miembros de 'NSync [N. Del T. grupo
rapero negro]. Y sin embargo, cuando pongo las
noticias cada noche, ¿qué es lo
que veo una y otra vez? A negros supuestamente
matando, violando, robando, acuchillando, en bandas,
destrozando cosas, protagonizando disturbios,
vendiendo drogas, haciendo de chulos, prostituyéndose,
teniendo demasiados niños, sin padres,
sin madres, sin Dios, sin dinero. "El sospechoso
ha sido descrito como un hombre negro...el sospechoso
ha sido descrito como un hombre negro...EL SOSPECHOSO
HA SIDO DESCRITO COMO UN HOMBRE NEGRO...".
No importa en qué ciudad esté, la
noticia siempre es la misma, el sospechoso siempre
el mismo hombre negro no identificado. Hoy estoy
en Atlanta y os juro que el retrato-robot de la
policía del sospechoso negro en la tele
parece exactamente el mismo que vi en las noticias
anoche en Denver y la noche anterior en Los Angeles.
¡En todos los retratos frunce el ceño,
en todos es amenazador, en todos lleva el mismo
gorro de punto! ¿Es posible que el mismo
hombre negro esté cometiendo todos los
crímenes de América?
Creo
que nos hemos acostumbrado tanto a esta imagen
del hombre negro como depredador que este lavado
de cerebro nos ha arruinado para siempre. En mi
primera película, Roger & Me [Roger
y yo], una mujer blanca que cobraba de la beneficiencia
mataba a un conejo a golpes para venderlo como
"carne" en vez de como animal de compañía.
Me gustaría tener un penique por cada vez
que alguien, en estos diez años pasados,
venía y me decía lo "horripilante"
que había sido ver a ese "pobre conejito"
golpeado en la cabeza. La escena, me decían,
les ponía físicamente malos. La
Asociación de Cinema Estadounidense le
dio a Roger & Me la calificación de
"Para mayores de 18 años" en
respuesta a la muerte de ese conejo. Me escribían
profesores para decirme que tenían que
editar esa parte y sacarla de la película
si querían mostrarla a sus alumnos.
Pero
menos de dos minutos después de que la
mujer del conejo realizara su hazaña, venía
una escena, real, en que la policía de
Flint, Michigan, mataba a un hombre negro que
llevaba una capa de Superman y tenía en
la mano una pistola de juguete. Nunca, ni una
sola vez, me ha dicho nadie: "No puedo creer
que mostraras cómo disparaban a un hombre
negro en tu película! ¡Qué
horrible! ¡Qué desagradable! No pude
dormir durante semanas". Al fin y al cabo,
sólo era un negro, no un conejito taaan
bonito. El consejo de calificación no vio
absolutamente nada malo en esa escena. ¿Por
qué? Porque es normal, natural. Nos hemos
acostumbrado tanto a ver matar a negros (en las
películas y en las noticias) que lo aceptamos
como procedimiento normal. ¡Ya ves! Eso
es lo que hacen los negros, matar y morir. Vaya.
Pásame la mantequilla.
Es
extraño que, a pesar del hecho que la mayoría
de los crímenes los cometen los blancos,
siempre asociamos caras negras a lo que pensamos
como "crimen". Pregunta a cualquier
blanco quién temen que pueda entrar en
su casa o hacerles daño en la calle y,
si son honestos, admitirán que la persona
que tienen en mente no se parece mucho a ellos.
El criminal imaginario en su coco se parece a
Mookie o Hakim o Kareem, no al pecoso Jimmy.
No importa cuántas veces sus congéneres
blancos dejen claro que es el hombre blanco al
que hay que temer, simplemente no acaba de penetrar
en la conciencia. Cada vez que sale en la tele
una noticia de otro tiroteo en una escuela, siempre
es un chico blanco el que está haciendo
la masacre. Cada vez que pillan a un asesino en
serie, es un demente blanco. Cada vez que un terrorista
pone una bomba en un edificio federal, o que un
loco hace que 400 personas beban Kool-Aid [N.
Del T. marca de refrescos norteamericana, que
ofrece mil y un sabores diferentes], o que un
letrista de los Beach Boys hace una arenga para
que media docena de imberbes asesinen a "todos
los cerdos" de Hollywood Hills, sabes que
es un miembro de la raza blanca con sus viejos
trucos.
Entonces,
¿por qué no huimos corriendo despavoridos
cuando vemos a un blanco que se acerca? ¿Por
qué no recibimos al candidato blanco que
se presenta a un puesto de trabajo con "Vaya,
mmm, lo siento, no hay ningún trabajo ahora
mismo."? ¿Por qué no nos preocupa
que nuestras hijas se casen con blancos? ¿Y
por qué el Congreso no intenta prohibir
las letras peligrosas y ofensivas de Johnny Cash
("Maté a un hombre en Reno/sólo
para verlo morir), las Dixie Chicks ("Earl
tenía que morir), o Bruce Springsteen ("Maté
todo lo que se cruzó en mi camino/no puedo
decir que me arrepienta de lo que he hecho)
¿Por
qué ese interés en las letras de
los raps? ¿Por qué los medios no
sacan letras tales como las siguientes, y cuentan
la verdad? "Vendí botellas de pena,
luego escogí los poemas y novelas"
(Wu-Tang Clan), "Gente, usad vuestros cerebros
para ganar" (Ice Cube), "Una madre soltera
viviendo de la beneficiencia...dime cómo
lo hiciste" (Tupac Shakur), "Intento
cambiar mi vida, lo ves, no quiero morir siendo
un pecador" (Master P).
Los
afro-americanos han estado en el peldaño
más bajo de la escala económica
desde el día en que los arrastraron aquí
encadenados. Cualquier otro grupo inmigrante ha
podido avanzar desde el fondo hasta niveles más
altos de la sociedad. Incluso los americanos nativos,
que están entre los más pobres de
los pobres, tienen menos hijos viviendo en la
pobreza que los afro-americanos.
Probablemente
pensaras que las cosas habían mejorado
para los negros en este país. Al fin y
al cabo, teniendo en cuenta los avances que hemos
hecho en eliminar el racismo en nuestra sociedad,
uno pensaría que los ciudadanos negros
habrían visto aumentar su nivel de vida.
Una
encuesta publicada en el Washington Post en julio
de 2001 mostraba que entre el 40 y el 60% de la
gente blanca pensaba que la persona negra media
lo tenía igual o mejor que la persona blanca
media.
Piénsalo
mejor. Según un estudio de los economistas
Richard Vedder, Lowell Gallaway y David C. Clingaman,
los ingresos medios anuales de un norteamericano
negro son 61% menores que los del blanco. Es la
misma diferencia porcentual que en 1880. No ha
cambiado absolutamente nada en más de 120
años.
¿Quieres
más pruebas? Piensa en lo siguiente: -
Los pacientes negros que sufren ataques al corazón
tienen muchas menos posibilidades que los blancos
de que les pongan un catéter cardíaco,
independientemente de la raza de sus médicos.
- Los blancos tienen cinco veces más posibilidades
de recibir tratamiento anti-coagulante de emergencia
después de sufrir un infarto - Las mujeres
negras tienen cuatro veces más posibilidades
de morir durante el parto que las blancas - Los
niveles de desempleo negros han sido más
o menos el doble que el de los blancos desde 1954.
Entonces,
¿cómo hemos podido los blancos salirnos
con la nuestra ? ¡La ingenuidad caucásica!
Resulta que éramos muy tontos. Llevábamos
el racismo abiertamente, como idiotas. Hacíamos
cosas realmente obvias como poner señales
en los servicios que decían SOLO BLANCOS.
Hacíamos que los negros se sentaran al
fondo del autocar. Les prohibíamos ir a
nuestras escuelas o vivir en nuestros barrios.
Tenían los peores trabajos (anunciados
como SOLO NEGROS) y dejábamos claro que,
si no eras blanco, te íbamos a pagar un
salario menor.
Bueno,
esta segregación abierta, exagerada, nos
metió en muchos problemas. Un grupo de
abogados engreídos fue a los juzgados.
Remarcaron que la decimocuarta enmienda no permitía
tratar a nadie de forma diferente por su raza.
Al
cabo del tiempo, después de una larga procesión
de fracasos judiciales, manifestaciones y disturbios,
captamos el mensaje: si queréis ser racistas
con éxito, mejor encontrad una forma de
hacerlo con una sonrisa en la boca. Incluso nos
sentimos tan magnánimos como para decir
"Claro que podéis vivir en nuestros
barrios, que vuestros hijos pueden ir a nuestras
escuelas. ¿Por qué no, demonios?
Al fin y al cabo, ya nos íbamos".
Sonreímos, les dimos una palmadita en la
espalda y corrimos a refugiarnos en los suburbios.
En
el trabajo aún tenemos los mejores trabajos,
el doble de sueldo y un asiento delante del todo
en el autobús hacia la felicidad y el éxito.
Hemos hecho trampa en el sistema desde que nacimos,
garantizando que los negros fueran a las peores
escuelas, previniendo así que fueran a
las mejores universidades, y preparándoles
el terreno para realizarse sirviéndonos
el café con leche, arreglando nuestros
BMWs y recogiendo nuestra basura. Oh, sí,
algunos se cuelan, pero pagan una tarifa extra
por el privilegio: el médico negro que
lleva un BMW es detenido continuamente por la
policía; la actriz negra de Broadway no
puede encontrar un taxi después de la estruendosa
ovación; el analista financiero negro es
el primero en ser despedido a causa de la "antigüedad".
Nosotros
los blancos merecemos algún tipo de premio
al genio por esto. Nos enrollamos con el rollo
de la inclusión, celebramos el aniversario
del Doctor King, nos molestan las bromas racistas.
No olvidamos nunca mencionar a "mi amigo
-que es negro-...". Nos aseguramos de poner
a nuestro único empleado negro bien visible
en la recepción para poder decir "Lo
veis, nosotros no discriminamos, contratamos a
gente de color".
Sí,
somos una raza ingeniosa, astuta, ¡y vaya
si no nos ha ido bien! Me pregunto cuánto
tiempo tendremos que vivir con el legado de la
esclavitud. Sí, correcto, he sacado el
tema. ESCLAVITUD. Casi puedes oír los lamentos
de la América blanca cuando sacas el tema
de que aún sufrimos el impacto del sistema
de esclavitud. Bueno, lo siento, pero las raíces
de la mayoría de nuestros males sociales
se pueden buscar directamente en este capítulo
enfermizo de nuestra historia. Los afro-americanos
nunca tuvieron la oportunidad de tener las mismas
oportunidades que el resto de nosotros. Sus familias
fueron destruidas con toda intención, se
les extirpó su lenguaje, su cultura y su
religión. Se institucionalizó su
pobreza para que recogieran nuestro algodón,
para que lucharan nuestras guerras, para que nuestras
tiendas permanecieran abiertas toda la noche.
EE.UU. tal como lo conocemos no habría
llegado a ser nunca lo que es si no fuera por
los millones de esclavos que la construyeron y
que crearon su vibrante economía, y por
los millones de sus descendientes que siguen haciendo
el mismo trabajo sucio para los blancos hoy en
día.
No
es que estemos hablando de la antigua Roma. Mi
abuelo nació justo tres años después
de la Guerra Civil. Sí, mi abuelo. Mi tío-abuelo
nació antes de la guerra civil. Y yo sólo
tengo cuarenta y pico. Claro, parece que la gente
en mi familia se casa tarde, pero el hecho permanece:
sólo estoy a dos generaciones de la época
de la esclavitud. Eso, amigos míos, no
es "hace mucho tiempo". En el vasto
espacio de tiempo de la historia humana, fue ayer
mismo. Hasta que nos demos cuenta de esto, y aceptemos
que hoy tenemos la responsabilidad de corregir
un acto inmoral que aún tiene repercusiones
hoy en día, nunca eliminaremos la mancha
más grande en el alma de nuestra nación.
|